martes 18 de diciembre de 2007

LA MEJOR HALLACA LA HACE MI MAMÁ



A mi comadre Inecita Bolívar, bolera de Cumaná.




Así cantaba Raquelita Castaños

hace un montón de años.


Y me salió en verso, sin esfuerzo.
Viajeras de la vida, mis guerreras amazónicas, yo les iba a dar aquí la receta de las hallacas de oriente y después pensé ¿Qué gracia tiene eso? Para eso vacílense las de su mamá, o la abuela, o alguna tía. Y si todas esas descastadas se niegan a invitarla a saborear las multisápìdas ¡Cómprenlas! Yo les recomiendo a la señora Azucena, en La Pastora que por cinco mil bolívares de los de antes las prepara finas.


Y eso sí, después que maten el gusto por el condumio navideño, y complazcan la parte criolla y venezolanista que hay en ustedes, vístanse como lo que son, verdaderas combatientes: boca roja, pelo largo y suelto, ropa elegante pero insinuante, perfume discreto, vaso de whisky en la mano. ¡Vayan de cacería! ¿Cómo? Desde mosquito pa'rriba. Ahora es que hay.


¿Que esa es una actitud masculina? Tal vez más culona. Pero es una actitud. Malo es no tener nada. Si los hombres se enamoran de ustedes.... ríanse de lo lindo. búrlense de ellos- ¡Lo merecen! El mejor, es de quemarlo vivo.

Utilícenlos, pero con ternura... háganles el amor con pasión y entrega, pero por favor, después déjenlos. Como quien bota una pantaleta rota. Bueno yo no sé, yo por lo menos no coso pantaletas, eso trae mala suerte. A lo hecho pecho. Y el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Lo dijo el sabio Salomón.


¡La Navidad es rumba, la vida es una sola!