
Ciegos de mar tus ojos que no aman, confundidos a un alba de balcones y estrellas, errantes vagarán por yermos ríos. Se helarán en tu piel todas tus constelaciones. Tu altiva cauda incólume insomne soñará con flores imposibles y por doquier te quemarán tus torpes brillos, tus falsos resplandores.
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