
Soy padre y madre.
Es una de las frases más escuchadas en Venezuela. De labios de mujeres trabajadoras, guerreras de la vida, oficinistas, profesionales y a veces cocineras o encargadas del aseo. Soy padre y madre. Es la función del 80 % de las madres en la sociedad venezolana. El padre es el gran ausente. Engendra el hijo y tarde o temprano desaparece. Se va "por los caminos de la vida", a buscar otro vientre donde sembrar rencor y desperanza, a fabricar otro antisocial, otro resentido, otro enemigo de la vida.
A veces, tal vez lo más grave, la ausencia del padre se percibe espiritualmente, aunque viva con sus hijos. Trabaja toda la semana y los fines de semana está viajando, disfrutando con sus amantes o emborrachándose con sus amigos.
Nunca con su familia. Este padre es tan ausente como el que se fue de la casa.
La presencia del padre tiene que ser total, como la de la madre, que trabaja en la calle y trabaja en la casa, hace la comida de sus hijos, les lava su ropa, atiende sus necesidades espirituales, los reprende si es preciso, va a la escuela a abogar por ellos.
Es padre y madre a la vez. Mantiene su hogar, espiritual y económicamente.
Padres de domingo.
Muchos niños y adolescentes venezolanos presentan el síndrome del "padre de domingo". Son muchachos tristes, tímidos, hijos de un padre que abandona a su familia para correr tras el espejismo de una mujer más joven, creyendo que la juventud se pega, y después, para que los amigos no lo critiquen, ni siquiera por amor, el padre enamorado viene a buscar a sus hijos el domingo. Generalmente los lleva al cine, donde no puede hablar con ellos, y tal vez por eso mismo.
A veces los atapuza de dulces y después los suelta en el Parque del Este, o en un Mac Donald, como si fueran perros que hay que sacar a pasear.
A veces, en el peor de los casos, intenta estúpidamente "integrarlo" a su nueva familia, lo cual se da en un 1 % de los casos. Lo más probable es que la nueva "doña" tenga hijos de la misma edad, que por rencorosa lógica hostilizarán al que viene los domingos y le bajarán la autoestima para siempre.
Me ha llegado un caso muy doloroso, de un joven que detesta al padre y culpa a la madre, por haberlo hecho salir cada domingo con él.
Ella creyó estar cumpliendo con su deber, pensó que el padre le daba amor y atención durante esos largos domingos. Resulta que el "padre" de marras, para no gastar mucho y poder leer toda la prensa del domingo, lo depositaba cual paquete molestoso en la casa de su nuevo amor, que tenía querubines a cual más malcriado, y se encargaron de hacer desdichado al hermanastro durante toda su niñez y adolescencia, burlándose de su timidez y aspecto. Y de paso diciéndole que su madre era una ladrona y mendiga ¡porque luchó por recibir la pensión de alimentos para su hijo, derecho inalienable!
AMIGAS, SI QUIEREN COMENTAR SOBRE ESTE TEMA Y VER PUBLICADO SU PROBLEMA, O RECIBIR AYUDA, ESCRÍBANME...
Es una de las frases más escuchadas en Venezuela. De labios de mujeres trabajadoras, guerreras de la vida, oficinistas, profesionales y a veces cocineras o encargadas del aseo. Soy padre y madre. Es la función del 80 % de las madres en la sociedad venezolana. El padre es el gran ausente. Engendra el hijo y tarde o temprano desaparece. Se va "por los caminos de la vida", a buscar otro vientre donde sembrar rencor y desperanza, a fabricar otro antisocial, otro resentido, otro enemigo de la vida.
A veces, tal vez lo más grave, la ausencia del padre se percibe espiritualmente, aunque viva con sus hijos. Trabaja toda la semana y los fines de semana está viajando, disfrutando con sus amantes o emborrachándose con sus amigos.
Nunca con su familia. Este padre es tan ausente como el que se fue de la casa.
La presencia del padre tiene que ser total, como la de la madre, que trabaja en la calle y trabaja en la casa, hace la comida de sus hijos, les lava su ropa, atiende sus necesidades espirituales, los reprende si es preciso, va a la escuela a abogar por ellos.
Es padre y madre a la vez. Mantiene su hogar, espiritual y económicamente.
Padres de domingo.
Muchos niños y adolescentes venezolanos presentan el síndrome del "padre de domingo". Son muchachos tristes, tímidos, hijos de un padre que abandona a su familia para correr tras el espejismo de una mujer más joven, creyendo que la juventud se pega, y después, para que los amigos no lo critiquen, ni siquiera por amor, el padre enamorado viene a buscar a sus hijos el domingo. Generalmente los lleva al cine, donde no puede hablar con ellos, y tal vez por eso mismo.
A veces los atapuza de dulces y después los suelta en el Parque del Este, o en un Mac Donald, como si fueran perros que hay que sacar a pasear.
A veces, en el peor de los casos, intenta estúpidamente "integrarlo" a su nueva familia, lo cual se da en un 1 % de los casos. Lo más probable es que la nueva "doña" tenga hijos de la misma edad, que por rencorosa lógica hostilizarán al que viene los domingos y le bajarán la autoestima para siempre.
Me ha llegado un caso muy doloroso, de un joven que detesta al padre y culpa a la madre, por haberlo hecho salir cada domingo con él.
Ella creyó estar cumpliendo con su deber, pensó que el padre le daba amor y atención durante esos largos domingos. Resulta que el "padre" de marras, para no gastar mucho y poder leer toda la prensa del domingo, lo depositaba cual paquete molestoso en la casa de su nuevo amor, que tenía querubines a cual más malcriado, y se encargaron de hacer desdichado al hermanastro durante toda su niñez y adolescencia, burlándose de su timidez y aspecto. Y de paso diciéndole que su madre era una ladrona y mendiga ¡porque luchó por recibir la pensión de alimentos para su hijo, derecho inalienable!
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