
La mujer
es el negro
de la
humanidad.
John Lennon.
John Lennon.
Nace con hambre de diosa, perfecta y eterna. Exacta, bella y vidente, se muere por construir, está lista para alumbrar el camino del mundo, con el don de la palabra.Tocada por el relente de la gracia en su figura de arcángel o de lirio. Ensaya sus primeros pasos mejor que nadie, es fácil que sepa manejar su cuerpo como si fuera un cometa indestructible, y se convierte en bailarina o en nube, si quiere.
Puede fabricar en sus entrañas un nuevo ser y darlo a la vida, generosa, como quien da una rosa o una moneda antigua. Al mismo tiempo puede correr largas distancias, volar en pájaros de hierro, cabalgar las olas. Puede también escribir poemas que hagan temblar a las estrellas y llorar a los hombres.
Puede armar un mundo distinto a través de los números o el arte. Nace para ella misma y para el mundo.
Apenas unos años después que nace, sin embargo, se le dice que nació para los hombres. Empieza su terrible proceso de doma. Se le recubre el alma de vendajes para asfixiarle la libertad, se le educa para olvidarse de si misma. Debe existir para los hombres, ser para los hombres. Antes que nada, debe aprender a no defraudar al padre, ese primer amor lejano y exigente, como un ídolo de oro, sonriente, inalcanzable.
Después debe imitar a su madre y pensar en sus hermanos: no puede avergonzarlos, son hombres. El orgullo de ellos vale más que todos los orgullos.
Posteriormente deberá ser, actuar y pensar en función del novio, amante o marido: Deberá confortarlo, hacerle la vida grata, ocultar las tristezas cotidianas, consolarlo de las suyas, darle placer sexual, apoyo espiritual y bienestar, curarlo si está herido, protegerlo si está en peligro.
Cuando vienen los hijos, ellos están primero que el universo entero: hay que amarlos hasta el sacrificio, cuidarlos, alimentarlos, vigilarlos, atenderlos, aconsejarlos, guiarlos, orientarlos, educarlos, lavarlos, llevarlos a la escuela y a clases particulares de lo que deseen, confortarlos, brindarles apoyo y seguridad, y la tranquilidad que da el saber que sus problemas económicos están resueltos, asegurarse de que siempre tendrán ante sí un plato de comida caliente, la ropa lavada, un cuarto privado, una cama confortable.
Al mismo tiempo, en estos tiempos, probablemente tendrá que trabajar en la calle, salir todos los días, así le duelan las piernas, la barriga o el corazón, y atender a las necesidades de la oficina, donde tal vez será preciso confortar y atender al jefe o consolar a alguna compañera destruida emocionalmente por el abandono, desamor o crueldad de algún hombre.
Paralelamente, quizá deba"matar tigres", dando clases particulares para redondearse el sueldo si es docente, cantando por allí o por allá si es artista, escribiendo para otros si es que puede y le queda tiempo para escribir. Si hay algún segundo o fracción de segundo disponible, será para limpiar la casa, revisar algún artefacto dañado, algún trabajo pendiente, algún hijo con problemas, algún telefonema urgente, alguna comida que se quema, alguna mancha en la ropa que no se quita.
Pero..¿quién es este ser casi divino, múltiple y único, que posee las virtudes de la Santísima Trinidad , los andares indestructibles de Megaman, el humor de Mario Bros, la flexibilidad del Hombre Araña, la dadivosa generosidad de la Coromoto, la capacidad comprensiva de Freud, los poderes curativos de José Gregorio Hernández y mucho más?
La Mujer. Todera sin pago, utilizada para tener hijos y cuidarlos, mientras el hombre disfruta de todas sus potencialidades intelectuales, espirituales y sexuales en plenitud.
Es la mujer domada, mariposa de alas truncas, quemadas las alas que la divinidad le otorgara.
Es la mujer domada, exiguamente apreciada mientras derrocha juventud y fuerza de trabajo dentro y fuera de su casa y desdeñada, cuando le fallan las fuerzas y los años la acorralan.
La sangre de la mujer de hoy clama al cielo desde la tierra. Sufre más que un prisionero sometido a trabajos forzados y por un crimen que no cometió. Se doblega instintivamente ante el hombre, más domada que nunca, domesticada y masticada por las fauces del mundo, reducida a su más triste expresión, vuelta cenizas en la voluntad y la alegría, envejecida antes de tiempo el alma, por las angustias ajenas, por el olvido de sí misma y de la sublime condición de diosa con que le fue dado nacer.
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